La salada aventura del Dr. Caos I


Era una noche de sábado fría y algo neblinosa, el vapor de agua emanaba de las calientes aceras de Santo Domingo mientras el rocío azotaba el calor tal y como él nos azotaba a nosotros. Como todo sábado había ido religiosamente por un delicioso café con unos amigos. Esta vez le tocó ser honorado con nuestra presencia al nuevo café que habían abierto a unas cuantas cuadras de nuestra universidad. El lugar es muy pintoresco y de ambiente agradable, el mesero que se mostró algo renuente a nuestra presencia en el local al principio, terminó brindando uno de los mejores servicios con el que jamás había sido galardonado. Me sentí casi homenajeado de lo mucho que nos mal-criaron, a diferencia de otras localidades a nivel nacional, a diferencia de otras localidades cuyo servicio es pésimo, simplemente pésimo...

Cuando se dio por terminada la velada me dirigí con parcimonia hasta el estacionamiento. Solo el sonar del ascensor me había despertado de mis pensamientos más profundos, productos de una cabeza agotada por las rutinas del día a día. Yo por mi parte salado siempre no conseguí parqueo hasta el piso menos cuatro. Ya a las once de la noche no queda un alma en los últimos niveles de los estacionamientos, así que apuré el paso hasta llegar a mi pequeño auto, que estacionado entre dos costosas camionetas parecía casi de juguete. Las baterías del mando a distancia estaban en su fase terminal, así que tuve que hacer varias posiciones de yoga para que finalmente se dignaran a abrir los seguros.



Al subirme al vehículo, noté algo muy extraño: La luz del mantenimiento estaba encendida, parpadeaba... Como algo andase mal en el motor que aún no había sido encendido. Por un momento pseudo-pensé que era normal y digo pseudo- porque sabía que no había nada mal en el motor del vehículo y simplemente no era normal. Introduje la llave en el contacto y como de rutina, se encendieron las luces del tablero y la lámpara del techo. Cuando metí la mano en la gaveta de entre los dos asientos, para sacar el cargador de mi móvil, que como era lo usual a esa hora ya estaba muerto, me topé con algo muy extraño.

Era un cilindro de acabado muy refinado sin ninguna función aparente. Quizá se lo ha dejado alguien aquí fue en lo primero que pude pensar, tomando en cuenta que mis amigos usan mi auto de taxi nunca era raro encontrarme con sus pertenencias regadas por doquier. Encendí el motor del automóvil, las luces y coloqué la transmisión en reversa.

 Cuando salía del parqueo vi a un hombre vestido de blanco que miraba atentamente hacia interior desde la ventana de la caseta de seguridad. Le pagué el estacionamiento a lo que procedió a responder con un gruñido. Me pareció una falta de educación tremenda, pero como país tercer-mundista en el que vivimos, no podía pedirle manzanas a una mata' de Batata.  

 Para alivianar el ambiente estiré la mano hacia el botón de PWR en el radio del carro me respondió con un sólido ''Ford Mechanical Error'' en la pantalla del equipo de sonido acompañado de un sonido de atascamiento seco. Cuando la constante sonata de las ruedas deslizándose a alta velocidad por la talvia ya me estaba poniendo los pelos de punta y no había forma de encender la radio, metí mi mano en la gaveta del centro en busca de mi móvil sin apartar los ojos del camino que a oscuras ya había cobrado varias vidas este año y saqué sin querer el extraño cilindro, lo puse entre mis piernas y mientras seguía buscando mi móvil algo me perturbó.

Sorpresa la mía cuando una alerta comenzó a sonar. Miré el tablero como fue mi primer instinto en el que parpadeaba una luz que jamás había visto, un pequeño termómetro rojo saltaba en el tablero más rápido que mi corazón. Atiné a mirar la temperatura del agua del motor y estaba por los cielos y un segundo más tarde el motor se había detenido por sí solo con un traqueteo horrible, de esos que uno sabe que no traen nada bueno a nivel mecánico ni económico.

Como todo adolescente, le eché mano a mi móvil para llamar a mi mami, el mensaje de ''Correspondiente ocupado'' frustró todos mis planes de volver sano y salvo a casa esa noche. Me quedé fíjamente mirando el tablero, como si la respuesta fuera a salir del mismo auto. Luego, me tomé unos segundos para mirar a mi alredor, la calma era inquietante. Eran de esos lugares tan calmados que hacen que tu cuerpo inyecte adrenalina, tan solo por si acaso. No me atrevía a salir por temor a mi vida y sin móvil mi futuro era incierto.


 Estaba a unas calles de casa, podría dejar el vehículo tirado y caminar pero eso era aún más arriesgado, de pronto vi desde la lejanía como se acercaba un auto. No pude ver el modelo hasta que se acercó bastante, venía levantando una fina capa de agua que posaba sobre la brea anunciando el cadaver de una llovizna, caída no hace tanto. Era una grosera Chevrolet de esas que matan un árbol al ser encendidas cada mañana por su excéntrico propietario.

En ese momento ya estaban encendidas las luces intermiténtes de mi auto. El enorme véhículo se aproximó atermorizantemente cerca e hizo cambio de luces desde la parte de atrás, como si quisiera comunicarme algo.

¿Que querría? ¿Qué buscaba? ¿Y si era un secuestrador? Apreté el culito como si no hubiese mañana cuando la puerta del conductor se abrió. Intenté volver a encender mi vehículo, el mismo traqueteo surgió del obviamente descompuesto sistema de refrigeración y el motor volvió a apagarse como pedro por su casa.

Y ahí estaba  yo: Solo, sin protección, a la merced de un completo extraño con nada más que mi móvil y sin escapatoria.

Entérese del final de esta historia en el próximo artículo de Medicaos. ¡No se lo pierda, el martes a las 4 PM!

¿Qué creen que pasará? ¿Quién será el extraño? ¡Deja tu comentario más abajo y dinos lo que piensas!

Ariel Saint

12 thoughts on “La salada aventura del Dr. Caos I

  1. Te dije que se te iba a dañar. Esos vehiculos no son de confiar. Peor si lo llevaste a la casa a "arreglar" u.u.

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    1. Son gajes del oficio. Se mueve bastante bien y es muy cómodo...

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  2. Hahahah apuesto a que el extraño era solo un buen samaritano que te queria ayudar :D

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    1. ¿Tú crees? Habrá que esperar hasta el próximo martes... Gracias por comentar.

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  3. Dios yo amo tu forma de escribir, y expresar toda la mierda que te pasa con tan hermosas palabras *-*

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    1. ¡Y YO TE AMO A TI POR VISITARME Y LEER MI SALADA VIDA!

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  4. hola, llevo varios dias leyendo tu blog, me parece muy divertido, y queria preguntarte una cosa. soy de venezuela y en febrero me voy a dominicana a empezar a estudiar ing mecatronica en INTEC. queria saber q consejo me podias dar.

    posdata:"la primera ves q fui a domincana fue en un junio a presentar la prueba de intec, y solo dure una semana asi q va a hacer completamente un nuevo mundo para mi"

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    1. Wow... ¡Un abrazo, me muero por saber cómo te has enterado del blog desde tan lejos!
      Si quieres estudiar INGENIERÍA y no ingeniería has hecho una buena decisión en elegir INTEC. Confío plenamente en que saldrás con la mejor preparación. ¿Consejos? Leete el artículo del ''Primer día'' y ''Lugares para Mangar en INTEC''; aparte de esto solo puedo decirte que la clave para estudiar es la organización. Procrastinar no te lleva a nada bueno en ninguna carrera ni en ninguna universidad.

      Con relación al cambio... No creo que ni el clima, ni los paisajes, ni las ciudades sean muy diferentes. Posiblemente lo único que cambie sea la gente, el acento y el precio del gas.

      Cualquier cosa, siempre puedes contactarme al ''arielsaint@medicaos.com'' respondo todos los correos. No dudes en preguntarme lugares sé dónde está el mejor café o hasta si necesitas un amigo ''nacional'' con quien hablar.

      Pásalo bien, quien quiera que seas :)

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  5. ME ENCANTA TU BLOOG DE VERSAAAAA

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    1. HAHAHAHA. ¡Me encanta que de ''versaa'' te encante, un abrazo!

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  6. ES UN VIOLADOR EN SERIO, CORRE ARIEL CORRE CORRE CORE ROOC ROE

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  7. Me muero por saber que pasará

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Saint Domingue, Dominican Republic
18 Años, extrovertido, estudiante de medicina, sin mucho que decir de sí mismo que no sea percibido por otro. Crea un blog para compartir su vida, virtudes, errores y sueños húmedos.
Ariel Saint Santé -. Con la tecnología de Blogger.